Increíble, mí mejor amigo Juan y yo estábamos con mis papás en La Pintada, en la Hostería Los Farallones. Era grandísimo. Hacía mucho calor. Entonces fuimos a la pieza y era súper linda, cada uno tenía su camita, tenía cuadros, televisor con antena parabólica, teléfono y aire acondicionado. También tenía una nevera chiquita llena de mecato, jugos, gaseosas, maní, papitas, rosquitas… ¡Uff qué bacano!
Todos nos pusimos el vestido de baño, nos fuimos a la piscina. Nos hicimos amigos de otros niños y jugamos de todo. No te imaginas. Hicimos carreras, jugamos voleibol, fútbol, escondidijos, fuimos a los columpios y rodaderos. Corrimos muchos, estábamos muy cansados.
Mientras, los papás estaban en el sauna, conversaban con otros señores grandes. Estaban muy felices también y después se fueron para en mirador.
En la noche fuimos a un salón lleno de juegos y jugamos parqués, dominó y cartas. Yo perdí pero Juan ganó. Estuvimos en las hamacas y luego vimos una película con los otros niños. Y nos fuimos a dormir, que ricura de cama, suavecita como me gusta.
Al otro día visitamos los animales de la granja. Había conejos, cabras, pollos, burros, mulas, palomas, chigüiros y una vaca que se llamaba Yeni y el ternerito Pepino. Todos se dejaban acariciar. Les dimos comidita maíz, cuido, zanahoria y acompañamos al señor que los cuida para ponerles agua, cepillarlos y acariciarlos. ¡Pasé delicioso! Y los papás se fueron a montar a caballo con los nuevos amigos.