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Fernando Pessoa: 120 años y un mes
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 Con retraso de un mes, conmemoraremos el 120 aniversario de la obra de Fernando Pessoa, y a través de él nos aproximaremos a su Lisboa natal, al Portugal de ensueño, reacio a la homogenización de la Unión Europea.
En el ciclo Pensamiento y Memoria, todos los lunes y martes de julio, les proponemos adentrarnos en el Ayer y hoy del Portugal de Fernando Pessoa, un genio que no requiere de fechas coyunturales para admirarle y deleitarnos con su poderoso legado literario y poético.
Fernando António Nogueira Pessoa (Lisboa, 13 de junio de 1888 - Lisboa, 30 de noviembre de 1935), más conocido como Fernando Pessoa, es uno de los mayores poetas y escritores de la lengua portuguesa y de la literatura europea.
Tuvo una vida discreta, centrada en el periodismo, la publicidad, el comercio y, principalmente, la literatura, en la que se desdobló en varias personalidades conocidas como heterónimos.
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No tengas nada en las manos... (*)
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No tengas nada en las manos ni una memoria en el alma, que cuando un día en tus manos pongan el óbolo último, cuando las manos te abran nada se te caiga de ellas.
¿Qué trono te quieren dar que Atropos no te lo quite?
¿Qué laurel que no se mustie en lo arbitrios de Minos?
¿Qué horas que no te conviertan en la estatura de sombra que serás cuando de noche, estés al fin del camino?
Coge las flores, mas déjalas caer, apenas miradas.
Al sol siéntate. Y abdica para ser rey de ti mismo.
(*) Ricardo Reis
Versión de Ángel Crespo
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Octavo mandamiento: Mentirás
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Una mentira
Hasta
hace un rato no más, los grandes medios nos regalaban, cada día, cifras
alegres sobre la lucha internacional contra la pobreza. La pobreza se
estaba batiendo en retirada, aunque los pobres, mal informados, no se
enteraban de la buena noticia. Los burócratas mejor pagados del planeta
están confesando, ahora, que los mal informados eran ellos. El Banco
Mundial ha dado a conocer la actualización de su International
Comparison Program. En el trabajo participaron, junto al Banco Mundial,
el Fondo Monetario Internacional, las Naciones Unidas, la Organización
para la Cooperación y el Desarrollo Económico y otras instituciones
filantrópicas.
Ahí los expertos corrigen algunos errorcitos de
los informes anteriores. Entre otras cosas, nos enteramos ahora de que
los pobres más pobres del mundo, los llamados “indigentes”, suman
quinientos millones más que los que aparecían en las estadísticas.
Además,
nos desayunamos de que los países pobres son bastante más pobres de lo
que los numeritos decían, y que su desgracia ha empeorado mientras el
Banco Mundial les vendía la píldora de la felicidad del mercado libre.
Y por si todo eso fuera poco, resulta que la desigualdad universal
entre pobres y ricos había sido mal medida, y en escala planetaria el
abismo es todavía más hondo que el de Brasil, país injusto si los hay. Otra mentira
Al
mismo tiempo, un ex vicepresidente del Banco Mundial, Joseph Stiglitz,
en un trabajo conjunto con Linda Bilmes, investigó los costos de la
guerra de Irak. El presidente George W. Bush había anunciado que la
guerra podría costar, como mucho, 50 mil millones de dólares, lo que a
primera vista no parecía demasiado caro tratándose de la conquista de
un país tan rico en petróleo. Eran números redondos, o más bien
cuadrados. La carnicería de Irak lleva más de cinco años, y en este
período los Estados Unidos han gastado un millón de millones de dólares
matando civiles inocentes. Desde las nubes, las bombas matan sin saber
a quién. Bajo la mortaja de humo, los muertos mueren sin saber por qué.
Aquella cifra de Bush alcanza para financiar apenas un trimestre de
crímenes y discursos. La cifra mentía, al servicio de esta guerra,
nacida de una mentira, que mintiendo sigue.
Y otra mentira más
Cuando
ya todo el mundo sabía que en Irak no había más armas de destrucción
masiva que las que usaban sus invasores, la guerra continuó, aunque
había olvidado sus pretextos. Entonces, el 14 de diciembre del año
2005, los periodistas preguntaron cuántos iraquíes habían muerto en los
dos primeros años de guerra. Y el presidente Bush habló del tema por
primera vez. Contestó: –Unos treinta mil, más o menos. Y a continuación hizo un chiste, confirmando su siempre oportuno sentido del humor, y los periodistas se rieron.
Al
año siguiente, reiteró la cifra. No aclaró que los treinta mil se
referían a los civiles iraquíes cuya muerte había aparecido en los
diarios. La cifra real era mucho mayor, como él bien sabía, porque la
mayoría de las muertes no se publica, y bien sabía también que entre
las víctimas había muchos viejos y niños.
Esa fue la única
información proporcionada por el gobierno de los Estados Unidos sobre
la práctica del tiro al blanco contra los civiles iraquíes. El país
invasor sólo lleva la cuenta, detallada, de sus soldados caídos. Los
demás son enemigos, o daños colaterales, que no merecen ser contados.
Y, en todo caso, contarlos resultaría peligroso: esa montaña de
cadáveres podría causar mala impresión.
Y una verdad
Bush vivía sus primeros tiempos en la presidencia cuando el 27 de julio del año 2001 preguntó a sus compatriotas: –¿Pueden
ustedes imaginar un país que no fuera capaz de cultivar alimentos
suficientes para alimentar a su población? Sería una nación expuesta a
presiones internacionales. Sería una nación vulnerable. Y por eso,
cuando hablamos de la agricultura americana, en realidad hablamos de
una cuestión de seguridad nacional. Esa vez, el presidente no
mintió. El estaba defendiendo los fabulosos subsidios que protegen el
campo de su país. “Agricultura americana” significaba, y significa nada
más que “Agricultura de los Estados Unidos”. Sin embargo, es México,
otro país americano, el que mejor ilustra sus acertados conceptos.
Desde que firmó el tratado de libre comercio con Estados Unidos, México
no cultiva alimentos suficientes para las necesidades de su población,
es una nación expuesta a presiones internacionales y es una nación
vulnerable, cuya seguridad nacional corre grave peligro: -
actualmente, México compra a los Estados Unidos 10 mil millones de
dólares de alimentos que podría producir; - los subsidios
proteccionistas hacen imposible la competencia; - al paso que vamos, de
aquí a poco las tortillas mexicanas seguirán siguen siendo mexicanas
por las bocas que las comen, pero no por el maíz que las hace,
importado, subsidiado y transgénico; - el tratado había prometido
prosperidad comercial, pero la carne humana, campesinos arruinados que
emigran, es el principal producto mexicano de exportación.
Hay
países que saben defenderse. Son pocos. Por eso son ricos. Hay otros
países entrenados para trabajar por su propia perdición. Son casi todos
los demás.
Por Eduardo Galeano
Tomado de Página/12 con fines culturales y educativos
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