La palabra verbal o escrita, los gestos,
las poses, el vestido, las formas de apariencia del
cuerpo y los accesorios, la entonación y las
inflexiones de la voz, su musicalidad y acento, el uso del
espacio y los rituales sociales, constituyen las múltiples
formas como el hombre se comunica.
Federico Medina Cano, especialista en
literatura.
El momento histórico, la época, la
situación social y cultural que rodean al hablante, son elementos que determinan en gran medida quién es la persona que está conversando, cuál es el
rol que desempeña, su edad (si es joven o adulto), su condición de género (si
es hombre o mujer), la generación a la que pertenece, su formación profesional,
su oficio o su ocupación. Así mismo, a la hora de comunicarnos es fundamental
utilizar el mismo sistema, repertorio de signos, códigos y la misma lengua, sin
embargo una comunidad está compuesta por una diversidad de grupos y cada uno de
ellos tiene sus propias formas.
Es por esta razón que, al lado de la
lengua oficial, es común encontrar un léxico diferente, una forma de pronunciar
distinta y otras formas de expresión que no están validadas, las cuales provienen
de algunas minorías sociales y otras de subculturas como son los diferentes
movimientos juveniles en los que la forma de hablar, su vocabulario, su manera
de comunicarse, de nombrar el mundo, les permite afirmar su identidad como
grupo.
La importancia del cuerpo
Más allá del lenguaje verbal o escrito,
el manejo del cuerpo, la forma de vestirse, la moda que cada uno de estos
grupos impone, el sentido y el uso que le dan al tatuaje, los símbolos que utilizan, la
música que escuchan, los eventos que los congregan y los lugares que
frecuentan, son algunas de las formas como los jóvenes marcan su territorialidad y establecen los límites que, como grupo, los identifica.
Para los jóvenes, en su forma de
relacionarse entre ellos mismos y con el exterior, el cuerpo ocupa un lugar
prioritario, un espacio estético rico y lleno de opciones, donde se encuentran
lo visual y lo táctil, y en el que el riesgo y el dolor pueden
experimentarse. De igual forma existe una actitud desenfrenada por habitarlo,
llenarlo de imágenes y mensajes, a través de perforaciones como los piercings y
los tatuajes, lo que representa un goce por la conquista del cuerpo mediante
ornamentos y formas estéticas, convirtiéndose en algo distintivo, en un signo
de definición grupal y en una forma de construirse un sentido y una
identidad.
Otro de los lenguajes de los jóvenes es
la moda, la cual se convierte para ellos en un juego de seducción. Su propósito
es simplificarla y buscar en ella la comodidad y la informalidad, antes que entenderla como un sistema para delimitar las clases sociales, un signo de
estatus o una forma de la elegancia. La tendencia funcional-deportiva, en la
que se incluyen los jeans, las camisetas, los zapatos de lona y las sudaderas,
se impone entre ellos, en el mundo del trabajo y el doméstico y en las actividades de tiempo libre; y la vanguardista-experimental, que se caracteriza
por las novedades excéntricas que popularizan los personajes del mundo de la
música y del espectáculo, se convierte en un lenguaje generador de cambio, en un juego de apariencias.
Las expresiones verbales y corporales de los jóvenes refuerzan su identidad individual y de grupo.
Cibercultura y tecnologías de información
En el mundo de la cibercultura y de las
tecnologías de información, los jóvenes son usuarios de los videojuegos, de las
redes, los bancos de información, el computador y los celulares. Ya en el
espacio de la virtualidad el cuerpo toma otra dimensión: se vuelve una imagen
que viaja por la red. Los mensajes de textos en el teléfono celular, el correo
electrónico, el chat, el messenger, generan otras formas de comunicación,
muchas veces realizadas por textos cortos e incompletos, por signos visuales y
por bancos de imágenes. Para ellos la cultura escrita y el mundo del libro
adquiere otra importancia: sus conocimientos están formados por fragmentos de
información, a veces no clasificada, de las páginas de Internet. Es una
generación que, a diferencia de los adultos, posee una amplia competencia en el
manejo de objetos inteligentes, de los computadores, los nuevos programas y
dispositivos electrónicos.